Comprendo tu extraña libertad que rompió cadenas y que en al mismo tiempo, te amuró a tu condena. Aun así esa libertad me enamora, tan llena de brios, tan cegadora. Me río en tu risa que jamás escuché, entristezco en los ratos donde dejaste de ver. Quien sabe si en tu juego no lograste hacer aquello que se erigía como tu misión, tu deber ser.
No hay comentarios:
Publicar un comentario